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Estofado de garbanzos, nueces y bacalao
![]() | 4 personas |
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Necesitas cazuela |
Ingredientes para la receta de estofado de garbanzos, nueces y bacalao:
• 1 barquita de 250 gramos de garbanzos Angelina (o un tarro de garbanzos cocidos, o unos 300 gramos de garbanzos cocidos)
• 1 paquete de bacalao desmigado desalado Royal (o unos 300 gramos de bacalao desalado)
• Un puñado de nueces
• 1 vaso de caldo de pescado Gallina Blanca
• 1 lata de cebolla sofrita Hida
• 1 tubo de perejil Gourmet Garden
• Un chorrito de aceite de oliva
• 1 paquete de bacalao desmigado desalado Royal (o unos 300 gramos de bacalao desalado)
• Un puñado de nueces
• 1 vaso de caldo de pescado Gallina Blanca
• 1 lata de cebolla sofrita Hida
• 1 tubo de perejil Gourmet Garden
• Un chorrito de aceite de oliva
Preparación de la receta de estofado de garbanzos, nueces y bacalao:
1 - En una cazuela, ponemos la cebolla sofrita y la mitad del tubo de perejil, y dejamos cocer un par de minutos. Añadimos los garbanzos, el bacalao, las nueces y el caldo de pescado y cocemos a fuego lento durante unos cinco minutos. Tiene que quedar un estofado un poco caldoso, para comer con cuchara.
2 - Servimos inmediatamente.
Trucos y consejos:
Fríos, en ensalada, caldosos en invierno o en puré, siempre garbanzos.
Curiosidades:
Si algo hemos ganado con los años es perder prácticamente el carácter social de los alimentos. Cierto es que aún tenemos alimentos «de lujo», de precios desorbitados, reservados para ocasiones especiales. Vaya que difícilmente comeremos una langosta un lunes al mediodía, solos, mientras miramos el televisor. Pero, por otro lado, hemos ganado que ya no hay alimentos para pobres. Hoy podemos encontrar sopa de zanahoria en las mesas más prestigiosas, migas en restaurantes estrellados y garbanzos, aunque en formato hummus, en los locales más fashion. Los garbanzos eran un producto relegado a las personas con menos posibilidades económicas, hasta el punto de que en casa de los burgueses más recalcitrantes no entraba un garbanzo ni en broma y, aún menos, salía a una mesa vestida con mantel de hilo y puntas de Camariñas. Actualmente, y por suerte, los garbanzos están en las mesas de los esnobs, aunque no con chorizo, sino en ensalada, o en formato puré, como apuntaba antes, en su versión hummus, un puré de garbanzos aromatizado con tahine —una pasta de sésamo—, que es la gracia del puré en cuestión. Del garbanzo, lo que más me gusta es su forma, con un par de cuernos, que recuerdan la cara del carnero. De hecho, el nombre latino del garbanzo es Cicer arietum, y arietum deriva de aries. Y aries es un carnero. Por tanto, en este caso, la etimología deriva de la forma del garbanzo. Si el garbanzo era lo que alimentaba a los pobres, la harina de garbanzo alimentaba a los miserables. El secreto mejor guardado de los andaluces está relacionado con la harina de garbanzo, ya que con ella rebozan el pescadito antes de freírlo en abundante aceite caliente. El resultado es un rebozado crujiente y nada aceitoso. En conclusión, los platos perduran más por cuestiones gastronómicas que económicas.
Fríos, en ensalada, caldosos en invierno o en puré, siempre garbanzos.
Curiosidades:
Si algo hemos ganado con los años es perder prácticamente el carácter social de los alimentos. Cierto es que aún tenemos alimentos «de lujo», de precios desorbitados, reservados para ocasiones especiales. Vaya que difícilmente comeremos una langosta un lunes al mediodía, solos, mientras miramos el televisor. Pero, por otro lado, hemos ganado que ya no hay alimentos para pobres. Hoy podemos encontrar sopa de zanahoria en las mesas más prestigiosas, migas en restaurantes estrellados y garbanzos, aunque en formato hummus, en los locales más fashion. Los garbanzos eran un producto relegado a las personas con menos posibilidades económicas, hasta el punto de que en casa de los burgueses más recalcitrantes no entraba un garbanzo ni en broma y, aún menos, salía a una mesa vestida con mantel de hilo y puntas de Camariñas. Actualmente, y por suerte, los garbanzos están en las mesas de los esnobs, aunque no con chorizo, sino en ensalada, o en formato puré, como apuntaba antes, en su versión hummus, un puré de garbanzos aromatizado con tahine —una pasta de sésamo—, que es la gracia del puré en cuestión. Del garbanzo, lo que más me gusta es su forma, con un par de cuernos, que recuerdan la cara del carnero. De hecho, el nombre latino del garbanzo es Cicer arietum, y arietum deriva de aries. Y aries es un carnero. Por tanto, en este caso, la etimología deriva de la forma del garbanzo. Si el garbanzo era lo que alimentaba a los pobres, la harina de garbanzo alimentaba a los miserables. El secreto mejor guardado de los andaluces está relacionado con la harina de garbanzo, ya que con ella rebozan el pescadito antes de freírlo en abundante aceite caliente. El resultado es un rebozado crujiente y nada aceitoso. En conclusión, los platos perduran más por cuestiones gastronómicas que económicas.
Como hecho en casa © Planeta
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